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lunes, 3 de noviembre de 2008

Manuel Hernández Muro, precursor de transplantes

La facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí se ha distinguido desde siempre por su disciplina y ser generadora de excelentes profesionistas de la medicina: Hoy quiero dedicar este espacio al Dr. Manuel Hernández Muro, médico ortopedista de gran fama en desde los años cincuenta hasta los setentas.
De cuna pobre trabajó desde niño para contribuir al sostenimiento de su familia, estudio medicina en la Facultad de San Luis Potosí y en el ejercicio de la ortopedia alcanzó fama internacional, fue de los primeros en realizar transplantes o implantes de hueso, operaba en su clínica de la calle de Muñóz, lo mismo que en otros estados y el extranjero, se cuenta una anécdota al respecto: resulta que una persona adinerada fue a verlo a su consultorio y requería una operación muy delicada, como es normal el hombre aquel se fue a pedir otras opiniones y todos coincidían en que era necesaria la operación, pero no todos se atrevían a hacerla, fue a Estados Unidos y en una clínica especializada le dieron el mismo diagnóstico y la misma prescripción que Hernández Muro, pero le dijeron que la intervención quirúrgica debía ser programada pues al especialista tenían que llevarlo desde el extranjero, el paciente pidió que lo programaran y se presentó en la fecha acordada, encontrándose, para su sorpresa, que el eminente cirujano era el mismo Manuel Hernández Muro.
Fue presidente Municipal de San Luis Potosí en la década de los sesentas.
Aficionado práctico a la fiesta brava, era además el médico de plaza de la “Fermín Rivera” o “El Paseo” como se le llama ahora y que dicen que así se llamaba antes.
Aficionado también a pasar días enteros al aire libre, salía de campamento cuando sus ocupaciones se lo permitían.
Fue secuestrado el año de 1976, pedían una cuantiosa cantidad de dinero que la familia no tenía ni siquiera en propiedades y muchísima gente estaba dispuesta a ayudar, pero afortunadamente el Dr. fue rescatado por la policía.
Ala tercer día de su liberación, el Dr. volvió a su vida normal.
Fue hombre generoso, pues aún cuando era de los Médicos mas cotizados de su época, cuando el paciente no tenía para pagar, simplemente no cobraba y realizaba su trabajo siempre con la misma calidad y entrega.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Toni Pijoan i Canturri un catalán muy mexicano


El General Lázaro Cárdenas del Río abrió las puertas de México a muchos extranjeros, es por todos sabido que los que mas necesidad tenían del refugio y hospitalidad mexicana eran los españoles republicanos repudiados por Franco, así nos llegaron muchos que pronto adoptaron esta como su patria, a San Luis Potosí nos llegaron un grupito de Catalanes, jóvenes todos ellos, algunos casi niños como Mario Güemes otros solteros como Altés, Abella, Areni, y otros con los que me disculpo por no tenerlos presentes en este momento, todos ellos y los que no he mencionado, formaron buenas familias educadas muy a la buena tradición mexicana que no diferenciaba mucho de la española.
Entre los catalanes republicanos, llegó Antoni Pijoan i Canturri con su esposa María de la Luz, dejando atrás un pasado por el que no se podía hacer nada, saliendo de España con lo que traían puesto y una pequeña estatuilla de la virgen de Montserrat.
Mari, la esposa de Toni me platicaba que se habían casado apenas comenzando la guerra civil, Toni era Ingeniero de Aviación por lo que de inmediato tuvo que tomar partido con los suyos, Mari era hija de un oficial Franquista, pero optó por seguir a su esposo que siendo herido fue confinado a un campo de concentración, ella en su calidad de hija de un oficial franquista pudo entrar al campo y propiciar el escape de su marido al que sacó de prisión por la misma puerta y de España por los pirineos a pie, prácticamente cargándolo. Ella medía escasos 1.60 y Toni poco mas de 1.80.
Por su parte Toni me decía que había nacido dos veces, la primera en Barcelona y la segunda en Veracruz y que su padre se llamaba Lázaro Cárdenas del Río.
Todos estos Catalanes se abrieron paso honradamente con inventiva, aportando su trabajo al desarrollo de este Estado. Toni y Mari tenían una tienda de tinacos, “Tinacos Eureka” en la calle de 5 de Mayo, ahí mismo comenzaron a promover la crianza de pollos, sin pensar que eran los precursores de una industria que habría de formarle un buen futuro patrimonial a otros. A pesar de su iniciativa nunca fueron ricos, ni siquiera tuvieron casa propia, les bastó haber sido los iniciadores de esta industria. Vivieron durante mucho tiempo hasta sus últimos años en la casa de la esquina nor-poniente de Díaz de León con Guerrero.

lunes, 27 de octubre de 2008

Juan del Jarro


Este es un personaje mítico del siglo XIX en San Luis Potosí, México. Apareció por las cales del viejo San Luis a poco de haberse consumado la Independencia y después del derrocamiento del emperador Agustín de Iturbide, entre 1826 y 1830; nada se sabe a ciencia cierta de su origen y todo o casi todo en él se desprende de la leyenda que se ha contado de generación en generación, algunos agregan a la tradición oral, quien sabe con que intención, cosas verdaderamente inverosímiles, sin embargo se sabe y eso nadie puede negarlo, que se dedicaba a proteger a los mas pobres entre los pobres, a aquellos que no tenían incluso la facultad de conseguir su sustento.
Juan del Jarro era pobre, por ello pedía a los que tenían para llevarlo a los que no y así, desde muy temprano recorría mercados y calles solicitando un “jarro” de algo para sus pobres, tal vez sea esta la razón por la que se le apodó “del Jarro” como apellido y no como muchos piensan por un supuesto jarro que cargaba dentro de un morral, como se aprecia en la pintura que hizo en su tiempo Francisco Vildósola, pintura que mas bien, yo considero, está llena de simbolismos pero que muchos han tomado como real al grado tal de basarse en ella para describirlo, confundiéndose muchas veces en su descripción como Montejano y Aguiñaga que dice “No era ni alto ni chaparro, la color, morena, chata la nariz, lacio el pelo, de oscuros ojos siempre derramando bondad, al igual que la amplia boca, encorvada la amplia espalda. Calaba un abollado sombrero alto, vestía, encima de la piel desnuda, una raída casaca desabrochada, con el ombligo siempre al sol, el pantalón sempiternamente arremangado y mal fajado y el afamado jarro que le dio nombre, den-tro de un morral en bandolera”.
Difícilmente se puede creer que durante mas de treinta años Juan usara la misma ropa, considerando que es poco probable que se ocupara del cuidado y aseo de sus ropas, además de que seguramente recibiera dádivas de ropa y su pelo era (según otras investigaciones) cortado a rape o mejor aún rasurado para evitar, seguramente, que se le acumularan bichos.
Lo que es cierto que fue en su tiempo una persona altamente apreciada y respetada en todos los circulos sociales del San Luis del siglo XIX.
En mi Libro Leyendas de San Luis Potosí pueden conocer esta leyenda que considero es hasta ahora la versión mejor documentada.