jueves, 31 de marzo de 2011

La Calle de Zaragoza en San Luis Potosí

Investigación y redacción:  © Adrián René Contreras Martínez
Toda ciudad antigua que se precie de linaje o abolengo tiene, aunque no lo sepa alguna calle con historia relacionada a lo mismo.


No es propiamente la calle principal en la actualidad, pero en su momento lo fue por tener entre su vecindario las principales personalidades de su tiempo sin decir con esto las personas mas ricas que no es lo mismo.


En San Luis Potosí la calle de Zaragoza ha tenido una importancia muy especial y casi desde siempre ha tenido la misma medida tanto a lo largo como a lo ancho, actualmente es una calle peatonal que va desde el lado suroeste de la plaza de armas hasta la antigua “Calle de la Alegría” hoy parte de la calle Pascual M. Hernández, frente a lo que fuera la Plaza de la Merced, ahora Jardín Colón y ha sido conocida en otros tiempos con nombres diferentes, primero como la “Calle de la Concepción”, luego como “Calle de San Lorenzo” cuando llevaba hasta una ermita que fue erigida a fines del siglo XVI por don Gabriel Ortiz de Fuenmayor, (de la que ya les platicaré en otra ocasión) y su penúltimo nombre y el que mas permanencia tuvo en el tiempo fue el de “Calle de la Merced”, desde la primera mitad del siglo XVII hasta apenas entrando el siglo XIX cuando recibió el nombre de “Calle de Zaragoza” en honor al General Ignacio Zaragoza.


A lo largo de esta calle fueron construidas grandes fincas donde habitaron personalidades como Félix María Calleja del Rey que vivió según se cuenta en dos casas diferentes en la misma calle, la mas conocida es donde se encuentran los hermosos balcones del lado poniente donde comienza la calle y el otro punto en la esquina con Universidad. Los Liñán que construyeron la enorme finca que llevó ese nombre durante siglos y que está en contra esquina de la Plaza de Aranzazu, donde actualmente hay unas oficinas de Hacienda y en la que curiosamente nunca vivió la familia Liñán; Germán Gedovius vivió en contra esquina de lo que es el Hotel Filher, cuando se construyó este, fue la tienda mas importante de telas en su tiempo, también ese edificio fue el obispado a fines de los años veinte del siglo XX; Don Octaviano Cabrera Ipiña vivió en esa calle hasta su muerte. Ahí estuvieron grandes negociaciones como “Al Libro Mayor” (donde vivían los Kaiser) al principio de la calle y “La Cubana” al final de la misma.


En la esquina de Zaragoza con Iturbide, casa de los Kaiser, estuvo durante más de 70 años en el siglo XX, un termómetro grande, que en realidad fueron dos, el primero de Mercurio duró mas de 40 años y fue reemplazado cuando lo rompió una granizada, por otro de alcohol que funcionó mas de 30 años hasta principios de este siglo y una vez roto por las mismas razones que el anterior, fue retirado definitivamente. Se le consideraba el Termómetro de la ciudad, a donde podía recurrir cualquiera que quisiera conocer la temperatura ambiente.



La calle de Zaragoza es hoy en día prácticamente una calle comercial, son ya muy pocas las familias que viven en esa calle, se perdieron muchas de esas fincas de las que nos hablan los viejos cronistas algunas están escondidas tras locales comerciales, pero sigue siendo una calle importante y de negociaciones que sirven referencia en San Luis Potosí, como en sus tiempos lo fue “La tienda de don Luis Villalpando”, “Los Laboratorios Gliser”,que son los laboratorios homeopáticos mas importantes de México; El mismo Hotel Filher que parece ya no será mas y por supuesto “La Cubana” que es hoy en día la tienda mas antigua de San Luis con casi 160 años de existencia.

sábado, 26 de marzo de 2011

Las Bicicletas en San Luis Potosí.


Investigación y redacción:  © Adrián René Contreras Martínez
La bicicleta es uno de los inventos que parece permanecerán vigente desde su creación alrededor de 1818; invento que se atribuye al alemán Karl von Drais, no tenía pedales, era simplemente una barra o tabla con un asiento y dos ruedas, la forma de impulsarse era alternando los pies sobre el piso, algo así como correr montados en este objeto al que llamaron velocípedo y que en el año de 1830 un obrero escocés de nombre Kirkpatrik Mac Millan le agregó un mecanismo de pedales para ser accionada con los pies, naciendo así el prototipo de la bicicleta moderna y en la segunda mitad del siglo XIX alrededor del año 1860 Pierre Michaux le agregó los pedales como los conocemos actualmente, pero estos iban en la llanta delantera, en seguida le fueron adicionadas las llantas de caucho, después el Sr. Dunlop aportó los neumáticos inflables que mas tarde perfeccionaron los hermanos Michelín, haciéndola mas cómoda y suave en su manejo.
Buscando hacerla mas veloz, en Francia es creada por James Starley en 1870 la bicicleta de rueda alta y quince años después, en 1885 John Kemp Starley de Inglaterra le agrega la transmisión de cadena convirtiéndola en una máquina no sólo mas veloz sino mas segura, desde entonces la bicicleta no tuvo muchas modificaciones ni adiciones mecánicas importantes, hasta 1960 en que es creada la bicicleta de pista en los Estados Unidos de Norte América y en la década de los setenta la bicicleta de montaña.
En México, en general y en San Luis Potosí en lo particular, fue un gran acontecimiento, reservado primero para la gente citadina de clase media y alta; era un juguete de lujo y pronto se convirtió en el pasatiempo favorito de los jóvenes para pasear montados en ellas.
De los paseos en bicicleta siguieron las competencias de velocidad y ya a principios del siglo XX las mujeres montaban en unas bicicletas con el cuadro modificado para ellas.
En los años veinte del sigloXX pasó por San Luis un ciclista solitario, al parecer Guatemalteco, que recorría todo México con la meta de llegar a New York; su presencia fue motivo de admiración, fue hospedado en el Hotel España y tanto su esfuerzo como simpatía influyó positivamente en los potosinos, por el ciclismo deportivo. Por esos años veinte, cuando se puso en función el aeródromo que era una gran planicie donde ahora está la colonia burócrata y alrededores, se acondicionaron algunas partes para competencias atléticas y carreras de bicicletas, desde entonces el ciclismo en San Luis se practica con cierta regularidad, surgiendo grandes figuras y promotores de este deporte del que mencionaré a don Héctor Hernández sin agravio de nadie, pero este señor merece ser mencionado por haber sido durante muchos años un impulsor, promotor y patrocinador de este deporte del que podemos presumir en San Luis, donde contamos con una de las fábricas de bicicletas que compiten en tecnología y calidad con las mejores del mundo, “La fábrica de Bicicletas Mercurio” que tiene filiales en otros países.
Al uso de la bicicleta como vehículo para paseos y deporte le vinieron otros importantes, el principal obviamente para transportarse económicamente de su casa al trabajo, siguiendo como vehículo para reparto, aún hoy en día es el transporte favorito de repartidores de periódico y de correspondencia. Los lecheros le adicionaron una angosta parrilla sobre la rueda trasera, donde colgaban sus botes de acero y recorrían la ciudad para hacer sus repartos, lo mismo hacían los vendedores de aguamiel y pulque con sus barriles semicilíndricos colgados en la bicicleta, los afiladores que se anunciaban con un silbato de de varios tonos le adaptaban sus herramientas a la bicicleta.
Ya en las dos o tres décadas finales del siglo XX la bicicleta perdió uso como transporte y surgieron muchos modelos para diferentes usos deportivos, sin embargo en los años recientes y haciendo conciencia ecológica, las autoridades potosinas han tratado de impulsar nuevamente el uso de la bicicleta como importante medio de transporte personal, ahora sólo falta que a esta idea siga la infraestructura vial para hacer factible esta brillante idea que en países como Holanda (donde hasta la reina monta en bicicleta) y la polucionada China usa cotidianamente.

viernes, 18 de marzo de 2011

La inundación del 33 en San Luis Potosí


Investigación y redacción:  © Adrián René Contreras Martínez

Muchas cosas sucedieron en el San Luis del siglo XX que afectaron a la población, pero tal vez la más grande catástrofe fue la inundación de 1933, tan grave fue, que parece querer borrarse de la memoria del pueblo al grado de que en este siglo se confunden fechas y ya nadie recuerda la magnitud del acontecimiento.
En San Luis existía la presa “La Constancia”, mas antigua y de menor capacidad que la “Presa de San José”, ambas estaban sobre el lecho del Río Santiago de tal modo que el agua que derramaba de la de San José era captada por la Constancia a la que en esas fechas ya había perdido el nombre y se le conocía como la Represa y años después como la “Contra-presa”.

Pues sucedió que en la tarde del 14 de Septiembre de 1933 comenzó a llover torrencialmente y el aguacero no paró durante toda la noche y madrugada del 15 en que amainó la lluvia, aún cuando se dieron ligeras lloviznas durante el día, no habrían de impedir los preparativos para la tradicional ceremonia del “Grito”, conmemorando el CXXIII aniversario de la iniciación de la Independencia Patria. Era viernes, los que no estaban concentrados en la Plaza de Armas estaban recogidos en sus casas, muchos ya dormidos antes de las 10 de la noche. Faltaban pocos minutos para que dieran las 11 que es la hora en que las autoridades del Estado Salen al balcón de palacio en esa fecha para hacer la ceremonia, cuando fuertes voces comenzaron a gritar “Se reventó la presa, se reventó la presa”, la gente comenzó a correr rumbo sus hogares esperando encontrar con bien a sus familias y los que estaban con sus familias corrían hacia el Santuario de Guadalupe que era la zona mas alta; en lo que cuento esto, el agua ya había llegado hasta el centro, en algunos lugares a una altura de 80 centímetros como lo muestran unos clavos que se colocaron después en algunos edificios y que son hoy en día el testimonio mudo y olvidado de aquella inundación. Actualmente muy pocos saben que son y por que se colocaron ahí esas marcas.
Considerando que el Centro de la ciudad es o al menos era la mitad de la ciudad, así como la de mediana altura entre los barrios pegados al Río Santiago y el Santuario de Guadalupe, tal vez podamos imaginarnos hasta donde llegó el agua en las zonas mas bajas, pero no fue que subiera el agua, fue una ola voraz que arrazo con todo lo que encontró a su paso, una gigantesca ola que se formó al romperse la cortina de la Presa la Constancia dejando escapar de un solo golpe “Seis millones de barriles de agua”.

Los primeros en sufrir el golpe de agua fueron los habitantes de la fracción de Morales, en seguida los de Santiago y siguieron Tlaxcala, el montecillo y Soledad.
Santiago y Tlaxcala fueron los barrios que mas sufrieron el embate porque a ellos les llegó el agua con todo lo que venía arrastrando de Morales.
No habían pasado cuarenta minutos de iniciada la hecatombe cuando el General Francisco S. Carrera Torres con 200 soldados de caballería divididos en patrullas, trataban de auxiliar a los habitantes de las zonas bajas, logrando con esto evitar mas muertes.
Todo el cuerpo de policía se unió a las fuerzas federales en este trabajo emergente, perdiendo la vida 2 uniformados al tratar de rescatar a varias personas.
Cuando amaneció la mañana del 16 de septiembre de 1933, el escenario era dantesco, muerte y destrucción por todos lados, la mitad de la ciudad estaba destruida.
Los puentes de Morales, Santiago, La tercera Chica y Soledad fueron barridos hasta los cimientos, el puente del ferrocarril (que ahora le decimos Naranja) que cruza el río Santiago fue severamente dañado por lo que se suspendió en tránsito ferroviario, quedando detenidos dos trenes de pasajeros y dos de carga hasta que se pudo reparar provisionalmente el puente, que le decía entonces de “El Viaducto”.
“La Granja” negocio y zona de recreo del Sr. Puyou desapareció por completo, también desapareció el viejo Teatro Arista en la esquina de Darío de los Reyes y Damián Carmona, sobre avenida de la paz, la plaza de toros la constancia resistió convirtiéndose en un contenedor de agua que duró varios días. Fueron 170 los cuerpos recuperados, de fallecidos en ese evento, no se contabilizaron los heridos ni los que fallecieron después a consecuencia de lo mismo, tampoco se consideraron los desaparecidos que junto con los heridos fueron muchísimos mas que los muertos, las casas destruidas o afectadas se contaron por miles. (alrededor de 4,000)
El domingo 17 gran parte de la población auxiliaba al ejército en su labor de remover escombros y desenterrar muertos.
De los dos policías que murieron en cumplimiento de su deber al rescatar mujeres, niños y ancianos, no conocemos ni sus nombres, sabemos de ello porque así lo mencionaron simplemente en los periódicos de esas fechas…. “dos policías”…..
Nunca se había visto tanta miseria y desolación pero también fue el momento de más solidaridad del pueblo potosino; como auxilio externo vino el primer batallón de zapadores al mando del Coronel Cravioto.
El ejército y particulares instalaron comedores, la gente se desprendía de sus cosas para compartirlas con los que habían perdido todo, el comercio en general aportaba lo poco y lo mucho que se necesitaba. El gobierno federal aportó una cantidad (¿?) que supuestamente se entregó al presidente de uno de los comités formados para paliar la desgracia: la realidad es que del destino de esos recursos ya no se supo nada, pero surgió un rico de entre la desgracia.
Era Gobernador Constitucional del Estado, el Gral. Ildefonso Turrubiartes pero las crónicas de esos días no mencionan nada respecto a acciones o labores realizadas por él, hoy se sabe que su administración fue en el siglo XX la que presentó mayor desorden hacendario.
De los casos conmovedores que se dieron fue el hecho de haber encontrado el domingo 17 de Septiembre de ese 1933, un envoltorio de trapos atorados en unas ramas a 9 Km. de Tlaxcala, con una niña menor de 6 meses. La criatura había pasado 70 horas en ese lugar, sin alimentos pero ilesa, nadie la reclamó. Otro fue un niño de dos años dentro de un barril acompañado de una gata y siete gatitos recién nacidos, cuando el niño fue encontrado, cuentan las crónicas que sonrió y pidió comida.
Los cuadros macabros fueron los mas: al ser removidos los escombros de una casa fueron encontrados muertos en una misma habitación a los 7 integrantes de la familia, el perro y el perico que fueron aplastados al derrumbarse su casa.
Un señor de sesenta años había salido de su casa para buscar unas medicinas, dejando bajo llave a sus 5 nietos, un sobrino y su esposa.
Las escenas de madres corriendo, llorando, llamando con palabras dulces a sus hijos perdidos, fueron desgarradoras.
Esa noche del 15 de Septiembre de 1933 muchos quedaron huérfanos o viudos o sin hijos. El trauma de ese acontecimiento duró muchos años después, todavía en la década de los cuarenta cuando caía algún torrente pertinaz, la gente dejaba sus casas y recorrían las calles hacia el santuario, alertando a la población con gritos de “Se va a reventar la presa”…..
Investigación y redacción:  © Adrián René Contreras Martínez

Fuente: revista “Alas” (órgano oficial de la 12ª zona militar) Nº 132 del 30 de sept. de 1933
Entrevista con Sr. Humberto Morones.
Dibujos (grabados) de J. Guadalupe Posada.
Dibujo Inicial de Niguel Melendez - Caligra

Para ver las fotos mas grandes y leer mejor el pie de foto de clic sobre la misma.


Marco Antonio Medina Leos comentó:
"….. recuerdo que mi abuelita Adelita contaba este suceso, ella vivía cerca de la corriente (av. reforma) y la hicieron correr hacía el santuario y se quedo afuera del hospicio dice que había tanta gente que ni se podía caminar y todos estaban rece y rece a la virgen de Guadalupe, patrona de aguas para que no se reventara la presa de San José……"

viernes, 11 de marzo de 2011

La Calle del Nejayote y Don Rodrigo el Choricero

Cada una de las calles del viejo San Luis tiene su historia su mito o su leyenda; Cuando San Luis era rodeado por siete pueblos (que en realidad eran seis) su extensión era ridículamente pequeña, sus límites eran la corriente (ahora calle de Reforma) que circundaba gran parte de la ciudad, el arenal ahora calle de primero de mayo y la alameda al oriente, por el sur la ahora calle de Comonfort.
En las cercanías de Aranzazu por la actual calle de guerrero y extendiéndose a reforma, que todo eso era baldío, se le conocía como los muladares, pero no eran muladares como los conocemos ahora, eran tiraderos de jales o sobrantes del mineral beneficiado en las diferentes haciendas que para tal efecto existían en las inmediaciones, enfrente de la actual plaza de Aranzazu existía un pozo público donde los vecinos se surtían de agua.
Como todas las ciudades San Luis Potosí fue creciendo hacia “las afueras” y pronto, sobre los muladares se construyeron casas, se abrieron calles que nombraban según referencias, como las de las carretas, que era Iturbide entre independencia y bolívar, el Callejón de la Bolsa” hoy Manuel del Conde, calle de una sola cuadra entre Iturbide y Ocampo, paralela a otra calle similar que es la de Herrera en honor al Gral. José Joaquín de Herrera y que primitivamente llamaban del “Nejayote” y también en un momento dado fue de “Las Carretas”, deduciendo con ello que eso de “Carretas” era por el rumbo donde guardaban o se concentraban carretas.
Algunas casas antañosas que se encuentran en esta calle nos dicen que ahí habitaron personas solventes sin decir con esto que fueran sobradamente ricas.
“Nejayote” es una palabra Nahuatl que viene de las raíces nextli, ceniza y ayotl, líquido y así se le llama al agua amarillenta donde se ha cocido el maíz, o sea el agua de nixtamal, desconozco por que se le llamaba así a esta calle de una sola cuadra, pero así fue conocida todavía a principios del siglo XX; con nombre tan original es de suponer que no se requerían puntos de referencia para ubicarla, si fuese el caso sería por un lado “La Famita”, una pequeña tienda en la actual esquina de Herrera con Iturbide, que era atendida por dos viejecitos, uno borrachín y el otro enojón y hacia el otro extremo de la calle, casi llegando a Ocampo, la gente entonces diría —Ahí… donde vive don Rodrigo el choricero— y como no, si la fama del chorizo que elaboraba era de tanta que cualquiera en San Luis ubicaba su casa.
“Don Rodrigo el choricero”, “Don Chorizo el Rodriguero” o simplemente “Don Chorizo” como humorísticamente la racilla se refería a él, vivía en la primera casa de la acera poniente casi esquina con Ocampo. Ahí tenía don Rodrigo, su fábrica artesanal de chorizo, elaborado con las mejores materias primas del mercado y el mas escrupuloso proceso sanitario, tanto así que muchos gustaban comerlo crudo por su frescura y sabor, sin consecuencias para la salud.
Desde muy temprano don Rodrigo el choricero colocaba una mesa en la pequeña puerta de su casa a donde la gente acudía para comprar al menudeo a centavo la bola chica y dos centavos la bola grande y también en su casa entregaba los encargos que con anticipación le hacían.
Debió haber horas pico de venta, por aquellos que le compraban muy temprano para desayunar o almorzar a temprana hora, los que pasaban a comprar para comer a medio día pero ya cuando sonaban las campanas de San Francisco llamando al rosario, no había ni una bola de chorizo para vender.
Todos conocían el punto de venta de tan delicioso chorizo y dicen que esa fue su perdición. Dicen que una tarde, ya "pardiando", le tocaron la puerta de su casa, solicito fue a abrir y se llevó la sorpresa de su vida, que en este caso fue la sorpresa de su muerte, pues resultó que un ánima en pena y con voz estropajosa le dijo que venia del otro mundo con el único fin de solicitarle unas cuantas "bolas" de chorizo... ¡Imagínese usted...! Por su parte don Rodrigo le hizo saber que ya para esas horas se había acabado la existencia del día, a lo que el anima de ultratumba le replicó qué “cualquier” otro día, previo el permiso que tenia que recabar, vendría, sí, seguro que vendría otra vez por el encargo Agregan las viejas cicateras, que desde entonces ya no hizo chorizo Dn. Rodrigo, al poco tiempo se le vio la, faz de un amarillo verdoso y falleció a los pocos días; esto sucedió en la década de los veinte del siglo XX, desde entonces la población potosina no volvió a probar tan delicioso complemento en sus comidas.
Fe de erratas: en la segunda foto donde dice "cemi-círculo" debe decir "Semicírculo"

miércoles, 2 de marzo de 2011

Hotel Progreso


La gran mayoría de los hoteles del viejo San Luis se instalaban en grandes casas que se acondicionaban para tal efecto, hasta que se realizó la primera construcción realizada con ese fin es el del “Hotel Progreso” que al dejar de funcionar hace no muchos meses el “Hotel Plaza”, se convierte en el mas antiguo de San Luis, además de ser el único que no cambió ha cambiado de nombre en sus mas de 140 años de existencia, no obstante haber cambiado de dueños

Este Hotel fue inaugurado en el año de 1870 por los hermanos Alberto y Eugenio Nicoux (el apellido se pronuncia Nicú), con el proyecto y realización del Ingeniero alemán avecindado en esta ciudad, Guillermo Retier, que entre otras cosas diseñó también los planos de la presa de San José en los años de 1895-1896 y los planos de albañales de drenaje para la ciudad en 1904.
El Hotel Progreso fue durante muchos años el hotel de más categoría en San Luis, se encuentra en la calle de Aldama, ocupando actualmente toda la acera entre las calles de Iturbide y Guerrero, aunque originalmente no fue así según lo demuestra una antigua fotografía donde se muestra que el Hotel progreso estaba mas cargado hacia la calle de Iturbide y posteriormente debió ser ampliado hasta la de Guerrero a contra-esquina del Jardín Guerrero o de San Francisco.

Desde su origen el Hotel Progreso contó con amplio restaurante, como debía corresponder a un hotel de franceses además de haber tenido este, fama de muy buen cocina internacional.
Hasta los años treinta del siglo XX fue atendido por la familia Nicoux incluso adquirieron el desaparecido Hotel Iturbide y le cambiaron de nombre a Hotel Nicoux hasta su desaparición en la década de los sesenta cuando fue ampliada la plaza de los fundadores.

En el restaurante del Hotel progreso se servían comidas o cenas para grupos así que es muy probable que haya sido ahí donde se originó aquella anécdota con el Sr. Coulón y no en el Hotel Nicoux como muchos pensábamos y que aquí repito para los que no la han leído o escuchado:
Resulta que los franceses avecindados en San Luis en el primer tercio del siglo XX, dieron una recepción de bienvenida al Sr. Coulón que en francés se pronuncia “Culón”, fue recibido por la Sra. Nicoux, recordemos que el apellido Nicoux se pronuncia en francés Nicú; pues bien la Sra. Nicoux, siguiendo el protocolo como anfitriona recibió al Sr. Coulón, le recibió el sombrero y el paraguas y lo acompañó hasta el lugar de honor que debía ocupar como festejado, se fijó en todo momento que los comensales fueran bien atendidos y cuando no había mas que hacer se retiró discretamente para dejar en confianza a los amigos, atendidos por una camarera y un moso, cuando el Sr. Coulón se retiraba, alguien se dio cuenta que buscaba algo y al cuestionarlo dijo que no encontraba su paraguas, entonces preguntó (literalmente) a la camarera:
—Donde está el paraguas del Sr. Culón?—
Y la camarera respondió de inmediato
—Ah… el paraguas del Sr. Culón? … La señora-nicu-lo-tiene—
Todos soltaron la carcajada; desconcertado el Sr. Coulón preguntó el motivo de tal hilaridad le explicaron la connotación que tomaron de la respuesta de la camarera y la connotación que la picardía mexicna daría a la pronunciación francesa de su apellido y a partir de ese momento el apellido coulón se pronuncia literalmente como se escribe.
El lugar donde fue el restaurante del hotel Progreso, en la esquina de Iturbide con Aldama es ahora un Bar solitario sus bellísimos estantes originales permanecen prácticamente vacíos, el Hotel sigue siendo muy visitado por ser un lugar limpio y ordenado, demás de su ubicación céntrica y precios muy accesibles, ha sido también locación de varias películas de época.
En sus mejores tiempos hospedó a las grandes personalidades nacionales y extranjeras que visitaban San Luis, en el tiempo de la revolución, llegaron a vivir ahí, por cortas temporadas, jefes revolucionarios y sus Estados mayores, fue el primer hotel que contó con el servicio de camioneta para trasladar a su clientela a la estación de ferrocarril y viceversa.
Durante los años treinta fue vendido al Sr. Arturo Díaz Infante y su gerente fue el Sr. Ramón Cots.

Nota: Durante el primer tercio del siglo XX y todavía en la década de los treinta el restaurante del Hotel Progreso fue el de mayor prestigio cuando era su propietaria la Sra. María Pons Nicoux qu además se distinguió como chef con especialidades en comida Francesa y Mexicana, ella fue la creadora del internacionalmente famoso “Mole Doña María” que envasó y distribuyó su cuñado Ignacio Hernández, creador de la firma “Herdez”

Para conocer mas al respecto, leer Revista La Corriente Nº 18 de Enero Febrero de 2011, pág. 20 “El Mole de María Pons que salio de Potrero, artículo de Javier Padrón